La relación entre la corrupción y la testosterona

corrupcion y testosterona

¿Ocurre algo en el cerebro que provoca que una persona se corrompa cuando llega al poder?

Si hay un tema que está a la orden del día, es la corrupción. Desde las neurociencias, se pretende dar respuesta a muchas preguntas que seguro que más de una vez todos los ciudadanos nos hemos hecho en nuestras casas: ¿Hay algo que provoque que la gente se corrompa? ¿Por qué hay tantísimas personas que cuando tienen un puesto de poder y responsabilidad terminan corrompiéndose? Y las neurociencias van más alla, ¿Ocurre algún proceso en el cerebro que coduzca a esto? ¿Se podría evitar? Según los últimos estudios, las personas con un estatus social y económico más elevado que la media, como los dueños de grandes empresas o políticos con cargos importantes, sufren en muchas ocasiones alteraciones psicobiológicas. Se ha observado que la situación de poder, está íntimamente relacionada con los mecanismos de estrés y dominancia social. Hay dos hormonas que llevan la voz cantante en los mecanismo de estrés: La testosterona, y el cortisol. Los estudios con animales demuestran que aquellos que en la lucha por el territorio ganaron, presentaban niveles más elevados de testosterona y más reducidos de cortisol. Asimismo, los perdedores tenían niveles mayores de cortisol y menores de testosterona. El hecho de ser dominante para los animales es menos estresante por la disminución de cortisol y por el mejor acceso a la comida o a elegir pareja. Los que están por debajo en la escala social, con bajos niveles de testosterona y altos de cortisol, están una situación más perniciosa. Esta tesis está contrastada y confirmada en animales (Sapolsky, 1995 y Miczcek, 2011) y en personas (Mehta & Josephs 2010).

En el libro “The Winning Effect“, su escritor Ian Robertson, confirmó que el hecho de ser lider está muy ralcionado con el estrés, y por eso la evolución ha provocado que se active un mecanismo de adaptación para poder mantener la claridad cognitiva y un buen rendimiento. Así que con la testosterona y el cortisol, la dopamina juega un papel realmente importante, ya que proprcionan ese rendimiento ejecutivo. Dicho esto, podemos afirmar que el hecho de ganar es realmente gratificamente e incluso evolutivamente necesario, pero ganar en muchas situaciones de forma continuada puede alterar el circuito mesolímbico dopaminérgico de la misma forma que podría hacerlo una sustancia de abuso. El liderazgo puede llegar a ser una adicción conductual, y el hecho de ganar de forma continuada y permanecer mucho tiempo en una situación de poder, afecta al comportamiento provocando que sientan menos empatía por aquellos que están en una escala social y económica inferior.

El año pasado, en 2015, se publicó un estudio (Bendahana, Zehndera, Pralongc & Antonakis) que demostraba la relación directa entre el poder, la corrupción y la testosterona. El estudio se realizó con varios líderes y manipularon su poder de forma que podrían tomar decisiones en beenficio del bien público, o en su propio beneficio. Previo a esto se tomaron muestras del nivel de testosterona de cada uno y se estudiaron sus valroes personales. Los resultados del estudio fueron increíbles, observaron que cuánto más alta era la situación del poder del líder, mayor corrupción demostraba, incluso cuando previamente había sido declarados como “honestos”. Y hay que destacar que el estudio concluyó que los líderes que más se corrompían eran aquellos que más testosterona tenían.

Fuente: Universidad Internacional de Valencia – www.viu.es

 

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